Están muy enamorados, cualquiera puede verlo. En la escuela y cuando salen con sus
amigos, siempre buscan estar juntos. Presumen su amor. Pero si él o ella coquetea conotras personas, entonces se enojan, se insultan y pueden incluso abofetearse. La
reconciliación es lo mejor. Pellizcos en los cachetes, leves nalgadas o palmaditas en la
nuca o espalda. Y las palabras de siempre: "no pasa nada. A ti es a quien quiero", y
asunto arreglado. Tan recurrente es la escena que ambos se acostumbran. Con
algunas variantes, así nace la violencia en el noviazgo. Si se permite, del reclamo se
pasa al insulto; del insulto a los golpes; de los golpes al sometimiento y de éste a la
violencia sexual.
Las conductas violentas en las relaciones de pareja no formales no son percibidas
como tales ni por las víctimas ni por los agresores, pues generalmente se confunden
maltrato y ofensas con amor e interés por la pareja. A partir de los 15 años y hasta
antes del matrimonio, los adolescentes y jóvenes comienzan a aprender y ensayar
nuevas formas de comportamiento acordes con su creciente libertad e independencia
de la familia de origen, para adoptarlas en su vida futura.
Ea imposible pensar una relación amorosa sin una dosis de sentimiento hostil, porque así
nos enseñaron desde la infancia: "Un buen día --explico-- nos damos cuenta que
mamá, papá, o ambos, no nada más nos tratan amorosamente, sino que también nos
regañan, nos pegan, nos gritan, se enojan, nos amenazan con la pérdida de su amor. Y
eso se reproduce, de algún modo, en relaciones posteriores que son, todas,
ambivalentes, con sus dosis de amor y de odio."De acuerdo con el Instituto de las Mujeres del Distrito Federal, los tipos de violencia en el noviazgo son física, verbal, psicoemocional, económica y sexual, que no son
excluyentes entre sí. Las consecuencias en la persona agredida son depresión, baja
autoestima, aislamiento, fracaso escolar y bajo rendimiento laboral. Pero es tan
cotidiana esta violencia que no es fácil detectar su trascendencia social, y es esta
invisibilidad uno de los factores que desencadenan la violencia intrafamiliar.
Georgina Zárate afirma que en la adolescencia está presente un mecanismo sicológico que favorece relacionarse de manera agresiva: "Es más fácil para los chavos acercarse al otro con actitudes violentas. Si observas en una secundaria, chavas y chavos se pegan entre sí constantemente, como si fuera un juego, porque para ellos es más fácil tocarse golpeándose que tocarse amorosamente; lo que quieren es acariciarse porque andan cachondos, pero como no se atreven a reconocer sus deseos, porque eso les causa bronca, entonces la forma de hacerlo es por medio del golpe."
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